El ser humano encerrado, encadenado a este mundo cegado de maldad, ambición, de locura, envidia por esto que sucede alrededor, cada minuto que pasa por su mente de no querer seguir así, camina, bajo la lluvia, bajo el sol, bajo la oscuridad. No piensa, no siente, no se pone en lugar del otro, anda. Sin mirar, sin parpadear, actúa, lastima, ego de su enojo y resentimiento. Refunfuña, maldice, putea y discrimina. Y en su mente la frase comercial lidera diciendo que nada nos para.
El mal abunda por este cielo, donde las estrellas apenas se ven, donde el ruido contamina la calma, donde las luces son artificiales y ciegan, donde la imagen infecta, donde la imagen apantalla, apoya y acompaña cada acto de egoísmo y miedo.
Caos y miedo constante que te encierran a la vida, la verdadera vida, armonía y paz, el amor al otro es una frase tan perdida.
