Sobrevolábamos el pueblo encerrado por un muro de ladrillos, como todo pueblo tenía edificios como casitas, donde la gente vive hacia arriba en vez de hacia abajo, donde la gente se amontona como esa tendencia que tiene el ser humano a vivir como hormigas. No podía faltar la iglesia y la policía, pero esta vez esas casas antiguas estaban destruidas, bombardeadas, llenas de agujeros con sus tejas destrozadas. Y dando la vuelta, el cementerio, donde ocupaba gran parte del territorio, el mismo irradiaba luz, calma, y su vegetación armonizaba. Aterrizamos en un pastizal rodeado de tumbas con cruces y lleno de flores de colores, ellos aún no llegaban, algo iban a decirnos, sus caras y sus sonrisas lo decían todo, su falta de masa muscular no me producía miedo,al contrario solo calma y felicidad, y sus sombreros en su cabeza me causaban simpatía. Caminaba sobre un jardín esperando su llegada, cuando entre medio de plantas y arbustos encontraba una rosa negra con un sombrero de igual color, sabía que ellos me lo habían dejado como una señal, sin embargo nunca pude escuchar lo que ellos me iban a contar.
martes, 27 de agosto de 2013
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